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Ayude a las víctimas de la guerra: ¡haga un donativo al CICR hoy!
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27-11-2007  Declaración oficial  
Discurso de apertura del presidente del CICR, señor Jakob Kellenberger
XX Conferencia Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, Ginebra, 26 al 30 de noviembre de 2007.

Como actores y asociados de la acción humanitaria, estamos reunidos en el marco de la Conferencia que se inaugura hoy para buscar, juntos, formas de proteger y de asistir mejor a las víctimas de conflictos armados y de otras situaciones de violencia, garantizarles una cierta seguridad y defender su dignidad. Estos son precisamente los ámbitos en los que el Comité Internacional de la Cruz Roja se ha comprometido de modo especial, y en los que desea aportar su propia contribución. Pero el CICR también se interesa en las demás cuestiones que abordará esta Conferencia, particularmente el deterioro ambiental, las pandemias, las migraciones internacionales o la creciente violencia en las ciudades, y permanece atento a cualquier acción de utilidad que pueda emprender.

Decir que son temas complejos no es una frase hueca: su complejidad exige medidas diversas y, en algunos casos, multidisciplinarias. El enfoque de los componentes del Movimiento es evidente: tratan de reducir la vulnerabilidad de las comunidades a estos fenómenos y de ayudarlas a afrontar sus consecuencias humanitarias, utilizando lo mejor posible la contribución de cada uno de los componentes, complementando la labor de otros actores, a fin de prevenir y aliviar el sufrimiento. El lema de esta Conferencia, "Juntos por la humanidad", cobra aquí todo su sentido: dados los desafíos mundiales que afrontamos, una buena cooperación entre todos los actores, incluidos los Estados, es indispensable hacerles frente del mejor modo. Responder a estos desafíos requiere también medios financieros y, por lo tanto, una solidaridad a la medida de los recursos de cada uno de los miembros de la comunidad internacional.

Entre los temas, hay uno que, sin ser totalmente nuevo, aparece por primera vez de manera prominente en el orden del día de una Conferencia Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja: la cuestión de la migración internacional. El debate de mañana nos ayudará seguramente a distinguir mejor sus diferentes aspectos. Es imposible, de hecho, englobar en una sola categoría la gran variedad de tipos y de necesidades de las personas que desean o que deben desplazarse de un país a otro. Muchas de estas situaciones tienen, sin embargo, rasgos comunes: el sufrimiento, la separación, la dificultad de adaptarse a un nuevo entorno, la inseguridad a diferentes niveles. Muchas veces, las personas afectadas no reciben suficiente protección, incluso cuando en materia de derechos humanos o de derecho de los refugiados, existen muchas normas aplicables. Es importante, por lo tanto, velar por que las normas se apliquen, con humanidad y creatividad, y ayudar a los migrantes en dificultades cualquiera que sea su situación jurídica, particularmente cuando se encuentran privados de libertad.

La protección y la asistencia en favor de las personas desplazadas en el interior del propio país, a raíz de un conflicto armado, es una preocupación especial del CICR. Para citar la frase utilizada por el CICR en su campaña sobre las poblaciones desplazadas en Colombia, muy a menudo, el desplazamiento "no es sólo huir, es perderlo todo". En Colombia, Somalia, Sudán o Chad, en Sri Lanka, Nepal, Filipinas, Líbano o Yemen, por dar sólo algunos ejemplos, el CICR aporta una asistencia necesaria a las personas desplazadas, a menudo en regiones a las que no llegan otros actores, por razones de seguridad. Debo recordar aquí que el objetivo de una parte muy importante del derecho internacional humanitario es proteger a la población civil, que incluye, por lo tanto, a las personas desplazadas en situaciones de conflicto. No faltan instrumentos de derecho en este ámbito. Es más, si se respetara el derecho internacional humanitario, la población civil estaría protegida y a salvo, y no habría razones, o habría menos razones, para que tenga que dejar su lugar de origen a raíz de un conflicto armado. Por ello, el CICR trata de resolver el problema de los desplazados desde su raíz, es decir, hacer todo lo posible por evitar su desplazamiento, particularmente prestando asistencia a las poblaciones residentes, incluso en las regiones a las que, a menudo, resulta difícil tener acceso. Asimismo, siempre que las condiciones de seguridad lo permitan, conviene favorecer el regreso de los desplazados a sus pueblos y comunidades. En este ámbito, como en otros, la prioridad, en materia jurídica y política, radica en tener la determinación y en tomar las medidas necesarias para obtener el pleno respeto del derecho internacional humanitario.

Hablar de desplazamientos de población es también hablar de un fenómeno de índole humanitaria muy grave: el de la separación de las familias, una de las consecuencias más dramáticas de los conflictos armados, y de otras muchas situaciones de catástrofe. El respeto de la unidad familiar forma parte del respeto de la dignidad humana: el bienestar de una persona depende, en gran parte, de su capacidad de mantener los vínculos con sus allegados o, por lo menos, de estar informado de la suerte que han corrido. El CICR intensificará sus esfuerzos para ayudar a las personas que no tienen noticias de sus seres queridos. En este ámbito, la Institución lanzó, hace unos años, una iniciativa mundial, cuyo fin era potenciar, entre los componentes del Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, su capacidad de restablecer el contacto entre familiares. La Estrategia que elaboró a tal efecto acaba de ser aprobada por el Consejo de Delegados. En los próximos años, el CICR implementará esta Estrategia, tanto reforzando su propia capacidad operativa, en las diferentes tareas relacionadas con el restablecimiento del contacto entre familiares, como apoyando las de las Sociedades Nacionales. También espera poder contar con el apoyo de los Gobiernos, que tienen en este ámbito una importante responsabilidad.

La labor del CICR se centra en todas las personas afectadas por un conflicto armado, además de las familias dispersas, aquellas que se encuentran atrapadas en regiones donde las hostilidades hacen estragos, y los detenidos de todas las categorías. La Institución proseguirá también sus esfuerzos para responder a las necesidades específicas en los ámbitos de la protección y la asistencia de las mujeres afectadas por la guerra. Estas son apenas algunas de las actividades que realizada a escala mundial, y que ustedes conocen bien. Muchas de ellas se llevan a cabo en una asociación con las Sociedades Nacionales de los países asolados por conflictos armados.

Aunque ya es muy activo en el ámbito de la salud o de los cuidados curativos y preventivos, el CICR prevé, en los próximos años, reforzar su capacidad para prestar servicios sanitarios de calidad, en general, y en el ámbito de la atención médica, en particular. Para complementar sus habilidades aplicables en situaciones de urgencia, como la cirugía, el CICR profundizará su comprensión de los sistemas sanitarios, de análisis epidemiológicos y de atención primaria de salud, así como sus conocimientos en materia de salud pública en el ámbito carcelario o de gestión hospitalaria.

La participación y el compromiso del CICR van más allá de sus actividades de protección y de asistencia. También intenta movilizar a los Estados para que velen por el respeto del derecho internacional humanitario, mediante un mejor control de las exportaciones de armas, y la prohibición del uso de ciertas armas particularmente crueles, como las minas antipersonal o las municiones de racimo imprecisas y no fiables. El CICR está muy preocupado por el elevado número de víctimas civiles que mueren o resultan heridas tras el cese de las hostilidades, así como por los efectos indiscriminados de las municiones de racimo, en particular cuando se utilizan contra objetivos militares en zonas densamente pobladas por civiles. Considero, por lo tanto, indispensable y urgente la elaboración de un tratado internacional que prohíba el empleo, el desarrollo, la producción, el almacenamiento y la transferencia de municiones de racimo imprecisas y no fiables y que prevea la asistencia a las víctimas, así como la remoción de las municiones de racimo sin explosionar.

Desafortunadamente, los debates de la Reunión anual de los Estados Partes en la Convención sobre Ciertas Armas Convencionales, que acaba de terminar, no tuvieron como resultado una base suficiente para alcanzar este objetivo, a pesar de los esfuerzos desplegados. Por lo tanto, como se indica en la resolución adoptada por el Consejo de Delegados hace dos días, el CICR insta a los Gobiernos que apoyan la Declaración de Oslo a que continúen desplegando esfuerzos para concluir, en 2008, la elaboración de un tratado relativo a la prohibición del uso, la producción, el almacenamiento y la transferencia de las municiones de racimo que causan daños inaceptables a las personas civiles. Los Estados Partes en la Convención sobre Ciertas Armas Convencionales deberían mantener sus esfuerzos y trabajar con miras a la adopción de normas jurídicamente vinculantes sobre las municiones de racimo.

Ciertamente, la guerra no ha sido nunca un fenómeno simple y la acción humanitaria siempre ha tenido que afrontar importantes desafíos. Lo mismo ocurre con los conflictos y las situaciones de violencia contemporáneos. Su variedad y su complejidad, la interrelación entre acontecimientos y cambios locales, regionales y mundiales, la multiplicidad de actores de la violencia, los cambios de alianzas a corto plazo y la atrocidad de ciertos actos recuerdan la importancia permanente de la acción humanitaria orientada exclusivamente según las necesidades de las personas afectadas por un conflicto armado.

A esto hay que añadir tres elementos. Primero, la fragilidad de muchas situaciones de transición entre guerra y paz, con episodios de violencia armada o una inseguridad crónica, frena e incluso impide el avance de verdaderos esfuerzos de reconstrucción y desarrollo. Segundo, muchas situaciones de violencia interna en contextos de pobreza, de desigualdades socioeconómicas o incluso de fuerte crecimiento demográfico y urbanístico contribuyen a la aparición de nuevas formas de violencia armada, especialmente en entornos urbanos, así como a una intensificación de las migraciones. Por último, la creciente frecuencia y la repercusión de los desastres naturales, a algunos de los que contribuye el cambio climático, y el ingente riesgo de pandemias en situaciones de inestabilidad y conflictos armados.

Las actividades humanitarias pueden estar expuestas a ciertos riesgos vinculados con la instrumentalización y la marginación en relación con las intervenciones políticas o militares de otros actores. La instrumentalización cuando las partes en un conflicto quieren a toda costa integrar todas las acciones humanitarias en una estrategia política. Es evidente que la respuesta exclusivamente humanitaria, independiente y neutral que quiere dar el CICR a las necesidades de las víctimas no es la única respuesta a las vastas necesidades de una población afectada por años de conflicto. Reconozco la importancia y el valor de otras iniciativas, en los ámbitos de la seguridad, la educación, la salud. Pero la independencia de una organización como el CICR, su determinación y, en gran medida, su capacidad de permanecer en contacto con todos los actores de un conflicto le permiten a menudo tener acceso a lugares donde otros no van y hacen de él, por lo demás, un intermediario útil –y a veces único– en el ámbito humanitario entre los actores de un conflicto armado. El año 2007 está lleno de ejemplos que demuestran que el CICR ha podido desempeñar ese papel, especialmente en Afganistán, Colombia, Etiopía, Níger o Sudán.
La diversidad de las situaciones exige una diversidad de respuestas, también en el plano humanitario. Lo importante es garantizar una coordinación genuina y realista, fundada en la capacidad humana y logística de que dispone sobre el terreno y tomando en cuenta prioridades claras en cuanto a los contextos en los que hay que actuar. La retórica nunca debe ocultar la incapacidad de actuar ni decepcionar a quienes precisan protección y asistencia.

Debo mencionar aquí también la labor y las responsabilidades de las Sociedades Nacionales. En numerosas situaciones de conflicto armado, la Sociedad Nacional del país afectado representa el asociado primordial del CICR. La independencia de la Sociedad Nacional también debe salvaguardarse. Por eso es tan importante aclarar el papel de auxiliar de las Sociedades Nacionales –un tema que también figura en el orden del día de nuestra Conferencia–, a fin de que se comprenda mejor lo que significa en concreto, para los Estados, el deber de respetar en todo momento la adhesión de todos los componentes del Movimiento a los Principios Fundamentales y, sobre todo, la independencia de las Sociedades Nacionales.

Marginación del derecho humanitario, e incluso exclusión, si la fuerza prima sobre cualquier otra consideración. El derecho internacional humanitario es la respuesta pertinente a la búsqueda de un equilibrio realista entre los imperativos militares y el respeto de la dignidad humana. El derecho internacional humanitario no es el resultado de una filosofía ingenua o alejada de la realidad. La distinción entre combatientes y civiles, que como sabemos no siempre es fácil de determinar, sigue siendo importante, como lo es el respeto de los principios de proporcionalidad y de precaución en la conducción de las hostilidades. El derecho humanitario es realista y necesario, y debe ser conocido y respetado.

No es fácil determinar con precisión los factores que refuerzan o, a la inversa, que tienden a debilitar el respeto del derecho internacional humanitario. Entre los factores positivos, me gustaría mencionar la atención creciente que el público en general presta a este cuerpo del derecho internacional. Además, los Convenios de Ginebra han alcanzado su universalidad. Casi la mitad de los Estados ha adoptado explícitamente disposiciones encaminadas a implementar dichos Convenios y, llegado el caso, sus Protocolos adicionales, a escala nacional.

En el plano de los desafíos, y en vista de las realidades del mundo contemporáneo, no les sorprenderá oírme repetir que los conflictos contemporáneos son, en su mayoría, de carácter no internacional y que el derecho convencional relativo a estas situaciones resulta insuficiente. El CICR ha organizado varias Mesas Redondas regionales, en gran medida para incrementar el respeto del derecho internacional humanitario en los conflictos armados no internacionales. Posteriormente, ha preparado una publicación acerca de los medios para mejorar el respeto del derecho internacional humanitario en esos conflictos, que encontrarán adjunta al informe sobre los desafíos en materia de derecho humanitario, preparado por el CICR para esta Conferencia. Además, el estudio que el CICR ha realizado en estos últimos años sobre el derecho humanitario consuetudinario ha demostrado que, en la práctica, muchas normas relativas a los conflictos armados internacionales se consideran aplicables a las situaciones de conflicto armado no internacional. Se trata de una observación muy positiva, pero debemos continuar aún el análisis y la reflexión sobre la necesidad de aclarar e incluso completar el derecho codificado a la luz de los conflictos armados contemporáneos.

Cabe reconocer que los conflictos armados de hoy plantean cierto número de desafíos que tienen repercusiones en el plano jurídico. Si bien los conflictos llamados asimétricos no son la única situación en que se pueden cometer violaciones del derecho humanitario, ilustran bien uno de estos desafíos. En una relación de fuerza marcadamente asimétrica, la parte que se siente militarmente más débil puede verse tentada a violar sistemáticamente el derecho humanitario para compensar esta debilidad, real o supuesta. Por su lado, la parte más fuerte puede tender a su vez a no respetar sus obligaciones o, al menos, a tomarlas menos seriamente. Frente a este tipo de situaciones, que pueden conducir a una reciprocidad descendente o, peor aún, a la negación pura y simple del derecho humanitario, conviene recordar enérgicamente que las partes en un conflicto tienen las mismas obligaciones y no pueden ampararse en este tipo de reciprocidad. Este principio es la médula espinal del derecho humanitario. Rechazarlo tendría consecuencias desastrosas para este cuerpo del derecho y para las poblaciones afectadas por un conflicto. Por lo tanto, es preciso hacer cuanto sea necesario para que, en la práctica, el derecho humanitario sea respetado por todas las partes en conflicto.

Del mismo modo, el fenómeno que yo llamaría –a falta de algo mejor– la criminalización sistemática del adversario, podría debilitar el derecho humanitario. En un conflicto armado, ver al adversario únicamente como un delincuente o como un terrorista, no reconocer que, participando en una lucha armada, el adversario mismo está obligado a cumplir ciertas normas, retirarle, por así decirlo, sus derechos y deberes como combatiente, todo ello puede conducir a empujarle con más fuerza a la inobservancia del derecho humanitario. Todo combatiente tiene deberes y, por lo tanto, también cierto número de derechos. Insisto aquí sobre todo en las obligaciones, tal como se formulan en los Convenios de Ginebra o sus Protocolos adicionales. Considero importante reiterar esta convicción en la inauguración de una Conferencia que espero sabrá reafirmar la importancia del derecho humanitario y velar constantemente por el respeto de las garantías fundamentales que este cuerpo del derecho enuncia en cuanto a la protección del ser humano.

No obstante, el fenómeno del terrorismo, al igual que la lucha organizada en su contra, ha dado lugar a una nueva reflexión sobre el alcance y la aplicación del derecho internacional humanitario y de otros cuerpos del derecho. El informe sobre los desafíos en materia de derecho humanitario que el CICR presenta a esta Conferencia dedica importantes pasajes a esta cuestión, especialmente en relación con las garantías fundamentales que protegen a las personas detenidas. Conviene, sin embargo, recordar que el derecho humanitario no es el único, ni suele ser el primer instrumento jurídico que se invoca para hacer frente al terrorismo. Sabemos que el derecho humanitario condena todo acto de terrorismo cometido durante un conflicto armado. Pero el terrorismo sobrepasa ampliamente el ámbito de los conflictos armados –la única situación en que el derecho humanitario es aplicable– y se precisan otros instrumentos jurídicos y medios políticos, financieros y policiales para afrontarlo. Estos instrumentos y medios no forman parte de la misión del CICR ni, más en general, del Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja.

El derecho internacional humanitario sigue siendo un instrumento pertinente para responder a los desafíos de los conflictos contemporáneos. Pertinente no significa completo o claro en todos los aspectos. Ciertas nociones deben aclararse, en especial en relación con la conducción de las hostilidades. Queda también mucho por hacer en relación con la ratificación de los instrumentos internacionales existentes o con su aplicación, en el plano nacional. El mayor desafío para los Estados y, más en general, para los actores implicados en situaciones de violencia armada, sigue siendo el respeto del derecho internacional humanitario, su aplicación efectiva, que incluye el enjuiciamiento y la sanción de las violaciones de sus normas. Al respecto, hago un llamamiento en particular a los Estados, que son todos Partes en los Convenios de Ginebra, y que se comprometieron, al suscribirlos, a respetar y a hacer respetar dichos Convenios en todas las circunstancias.

He hablado del derecho humanitario como de un instrumento que aspira a dar una cierta seguridad a las personas que no participan, o que ya no participan, en las hostilidades. La seguridad humana, y por ende, la seguridad de cada persona, será también un tema que nos acompañará en los otros debates que compartiremos. El respeto de la dignidad humana, el respeto del derecho humanitario y el respeto de los derechos humanos son, en mi opinión, inversiones a largo plazo en materia de seguridad. Es además la forma en la que la noción de protección, que el CICR sitúa en el centro de sus actividades, debería entenderse, es decir, como una multiplicidad de actividades destinadas a persuadir a las autoridades públicas y a cualquier otra entidad para que cumplan sus obligaciones en cuanto a la seguridad, la integridad y la dignidad de las personas afectadas por un conflicto armado u otras situaciones de violencia. Asumiendo la defensa de las víctimas de conflictos armados o de situaciones de violencia contra los peligros o abusos de poder a los que pueden verse expuestos, y acudiendo concretamente en su ayuda, el CICR también quiere hacer valer sus derechos, aliviar su sufrimiento, preservar o restaurar su dignidad humana.

Este compromiso, al igual que el respeto de elementos constitutivos de una comunidad internacional que presta atención a cada ser humano, representa valores que deseo que comparta esta Conferencia.

El CICR seguirá siendo un componente activo del Movimiento, como una red fundamentada en la solidaridad, en el cual cada componente, según sus responsabilidades y capacidades, ha de desempeñar su labor humanitaria, en pleno respeto de los Principios Fundamentales, en favor de cuantos necesitan protección y asistencia.

Gracias.

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27-11-2007