Yann Bonzon
El CICR ha manifestado su preocupación sobre el número de casos de abusos contra la población en Kivu Norte. ¿Qué está pasando exactamente?
Hace semanas que hay episodios de violencia frecuentes entre las fuerzas gubernamentales y las tropas del General Laurent Nkunda. Las consecuencias humanitarias son muy graves. No sólo han obligado a miles de familias a huir, sino que han infligido graves sufrimientos a la población civil. Al igual que otras organizaciones humanitarias presentes en el terreno, el CICR ha sido testigo de numerosos casos de pillaje, violación de mujeres, muchas de ellas muy jóvenes, y otras infracciones del derecho internacional humanitario.
El CICR recuerda constantemente a las fuerzas en el terreno la obligación que tienen de respetar la integridad física de la población civil y de los bienes necesarios para la supervivencia, incluidas las instalaciones médicas y religiosas.
La violencia sexual es un fenómeno recurrente en este contexto, al que prestamos particular atención. Tratamos de comprender todos los factores y de identificar a los perpetradores, para hacer gestiones entre los portadores de armas. Por supuesto, nuestro objetivo es que no se cometan más violaciones. Es importante recordar que sólo las estructuras de mando correspondientes pueden tomar las medidas necesarias.
¿Qué está haciendo concretamente el CICR para ayudar a las víctimas de violencia sexual?
Además de las gestiones, el personal del CICR y el de la Cruz Roja de la República Democrática del Congo trabaja en campamentos para personas desplazadas y en zonas sensibles. Ayudan a las mujeres que fueron violadas antes de ser desplazadas, durante el desplazamiento o en los campamentos. Además, cuando nos reunimos con portadores de armas, les informamos acerca de las consecuencias de tales actos.
Hace un tiempo, el CICR y sus socios locales desarrollaron un programa de apoyo psicosocial para las víctimas de la violencia sexual. Las mujeres que han sido violadas tienden a ser rechazadas por su comunidad y a encontrarse solas, a veces con niños a cargo, pero sin medios de subsistencia.
El primer paso es orientarlas hacia los centros de atención correspondientes, a fin de prevenir embarazos no deseados o enfermedades de transmisión sexual, de tratar las heridas en los órganos genitales, que a veces requieren cirugías complejas y repetidas. El CICR proporciona a varios centros métodos paquetes con medicamentos específicos para las víctimas de violencia sexual, y capacita al personal sobre su uso. Luego, en otros centros se ayuda a las mujeres a vivir con su trauma, se les da asesoramiento y atención.
En esos contextos tan traumáticos, ¿las organizaciones humanitarias realmente pueden prestar una ayuda significativa?
Estoy convencido de que nuestra sola presencia tiene efectos positivos y evita que suceda lo peor. Estar en el lugar donde suceden los enfrentamientos es nuestra primera forma de proteger a la población civil. Sin duda permite disminuir el nivel de la violencia y reducir el número de actos donde se infringe el derecho internacional humanitario.
Por otra parte, nuestras actividades de asistencia para la población son muy importantes, no sólo porque permiten prevenir la muerte de muchas personas, sino porque responden a las necesidades de la población. A pesar de que hay algunas zonas de conflicto a las que las organizaciones humanitarias no tienen acceso, hay otras zonas donde no hay enfrentamientos pero que también resultan afectadas y, por lo tanto, no hay que olvidarlas.
No nos engañemos. No podemos entrar ciegamente en zonas donde no hay garantías de seguridad. Por otra parte, los equipos del CICR suelen ser obligados a desplazarse por su propia seguridad, y para nosotros es imposible garantizar que no recomenzarán los actos violentos después de que nosotros, u otras organizaciones humanitarias, nos hayamos ido de la zona de conflicto. Sin embargo, para nosotros es importante mantenernos abiertos a la posibilidad de reunirnos con todos los que están involucrados en la violencia, de tal modo de que podamos comunicarles nuestras observaciones. Esto lo hacemos con regularidad.
Además, tenemos que coordinar nuestra labor con los demás actores humanitarios presentes. En estas circunstancias, todos quisieran estar en todos lados y a cargo de todo. Tenemos que evitar las duplicaciones y asegurarnos de que los portadores de armas comprenden que actuamos de forma neutral e imparcial.
¿El proceso de paz está estancado?
No. Prefiero ser optimista. Hay muchas conversaciones entre las partes en el conflicto y los representantes nacionales e internacionales sobre un acuerdo político, pacífico y concertado. Como humanitarios, obviamente esperamos que esas conversaciones den buenos resultados. Hace tiempo que hay enfrentamientos en la región, lo que prolonga el sufrimiento de una población ya duramente castigada.
Tranquiliza saber que la comunidad internacional se está interesando cada vez más por este contexto. Todos recordamos el dramático pasado de la región. Por otro lado, cabe aclarar que el CICR deja las negociaciones políticas en manos de los responsables y se concentra en su misión estrictamente humanitaria: atender a los heridos y prestar protección y asistencia a las personas desplazadas.
Según le OCHA, entre diciembre de 2006 y el 29 de octubre del 2007, 74.310 familias (371.550 personas) debieron desplazarse en Kivu Norte, incluidas 28.626 familias (143.130 personas) entre septiembre de 2007 y el 15 de octubre de 2007. Estas cifras probablemente hayan aumentado tras los desplazamientos que se produjeron a raíz de los recientes enfrentamientos en Rushuru.